Tarjeta roja y plaga de lesiones, el tigre sin corazón, el ejército del oval y la continuidad del campeón

Dave Kilcoyne celebrates his try with Paul O'Connell 5/4/2014

Un balón largo, la vista puesta en él pero sin orientación. Toque al rival, retirada en camilla y tarjeta roja. Dejas al oponente con un lesionado, pero a tu equipo en inferioridad 70 minutos. Después, en una especie de venganza divina, llegan la lesiones, se va el talonador y capitán mientras que el medio de melé/apertura, porque ejercía de ambas cosas, se queda sin un brazo y, manco, se mantiene en el campo hasta la segunda parte. El marcador final refleja un milagroso 15-17. Es la historia de Ulster o las causas de la victoria de Saracens. Más que contra el rival, los irlandeses cayeron contra los elementos y, aún así, estuvieron muy cerca de superarlos.

El tigre también lo tuvo cerca, a dos metros en su último ataque. Sin embargo, este felino carece de corazón. Todavía conserva garras con la presencia de Manu Tuilagi y Goneva en sus tres cuartos, pero falla en el mecanismo que hizo grande al equipo y le permitió ser campeón de Europa no hace tantos años. Entre bajas y pérdidas, la delantera de los Tigers no es la de otros tiempos. El rugido se escucha menos y, así, la carga definitiva contra un equipo que huele a final y rebosa físico y tonelaje como Clermont, se quedó a esos dos metros que van de la eliminación a la gloria. No obstante, que el tigre llegara con vida al minuto 79 tiene su mérito (22-16).

Camiseta roja y el escudo de ciervo en el pecho. Es la vestimenta del ejército de Limerick. En su día se le consideraba la delantera más fuerte de Europa por aplastar a sus rivales. Llegaron dos títulos pero, en los últimos años, parecían venidos a menos. Tuvieron que cambiar y lo hicieron. Del trote, los gordos pasaron al galope y del aplastamiento, a una de las delanteras más dinámicas de continente. Ocho hombres, nueve con el medio de melé Connor Murray, que actúan como uno sólo. Limpian los primeros, llegan a los agrupamientos y levantan el oval antes que nadie. Los ‘maul’ giran a una velocidad a la que cuando el oponente llega para empujar ya está en fuera de juego. Un auténtico ejército, cada vez más joven, pero comandado por el gran capitán Paul O’Connell a sus 34 años. Parecía omnipresente en el campo mientras Toulouse se desangró. En los 80 minutos, los franceses fueron incapaces de adivinar por donde llegaría la siguiente carga del ejército de Limerick (ensayó un pilar, un segunda y un tercera, entre otros). Delanteros con el cuchillo entre los dientes y ritmo endiablado (47-23).

Paul O'Connell 5/4/2014

Y entonces, en el postre, se degustó lo que algunos llamaron la final anticipada. El enfrentamiento entre el actual campeón y uno de los principales favoritos. El duelo entre dos leyendas como Jonny Wikinson y Brian O’Driscoll, pero ambas, tuvieron poco protagonismo. El inglés se retiró lesionado en la primera mitad y el irlandés pudo hacer poco ante una defensa seria, dura y al borde la la ilegalidad. Leinster atacó lo que pudo e hizo poco daño, mientras que Toulon tronzó, por aplastamiento, la defensa visitante. Su superioridad en el contacto y su lectura de la continuidad decidieron el partido. Sin espectáculo, pero con la base del rugby. Contacto, superar metros y descargar. La continuidad del vigente campeón (29-14).

Esta es mi visión de los cuartos de final de la Heineken Cup jugados el pasado fin de semana. Vídeo y comentarios. Las semifinales quedan Toulon-Munster y Clermont-Saracens.