Un lagarto esquivo al foco de la cámara

Los árboles en flor, los paseos de mediodía en pantalón corto y los lagartos al sol. Son hechos cotidianos de los días despejados en la primavera de la Rías Baixas tras un invierno de mucha lluvia. En una caminata para retratar pájaros o abejas, un pequeño reptil salió de su escondite y llegó el momento de acercarse lo que se pudiera para tratar de tomar una buen instantánea del verdoso animal.

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La primera de ellas no fue la mejor, lo reconozco. La dificultad de enfocar el lugar exacto de su cuerpo y, sobre todo, de su cabeza. Esto constituía un reto importante. En la segunda postura el ángulo y el foco mejoró. Sobre todo, el detalle especialmente atractivo es la pista que deja el muro, que establece esa delgada línea de la profundidad de campo. Queda perfectamente delimitada.

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No obstante, un lagarto está lejos de ser un modelo y se mueve. Aquí optó por escabullirse un poco y bajar por uno de los laterales del muro. Postura complicada y también lugar difícil para acertar con el cuerpo del animal. La margarita del fondo dificultaba un poco la tarea.

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Cierto, ya escribí antes que no es un modelo, aunque en esta toma lo parezca. Esos ojos negros con la mirada hacia la cámara, de frente y mostrando su ‘lado bueno’. Tras unos cuantos intentos parecía haber conseguido la fotografía buena del lagarto. De frente, con la cabeza algo levantada y suficientemente enfocada. De manual. Sólo faltó el sol en otro lugar para evitar alguna sombra. Aunque todo no se puede tener.

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Sin embargo, tras la instantánea optó por la retirada y, casualmente, la fotografía peor de la serie es la que, personalmente, más me gusta. Sólo entra en la profundidad de campo la cola, está de espaldas el lagarto, la cabeza es lo que menos se ve, pero, sorprendentemente, es la composición más atractiva, la que da una mejor (al menos a mí). Un lagarto hacia el infinito, podría llevar por título.

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