Un paseo por la bella Galicia marítima y rural

cangasarbol

Un día de paseo en Cangas. Probablemente,  la excursión más típica, cómoda y, a la par, placentera para un visitante o habitante de Vigo. Tan simple como acercarse al puerto deportivo vigués, aunque si se pregunta a alguien habrá que hacerlo por el náutico, que es como se conoce en la ciudad. Entre la piscina, el edificio de capitanía marítima y alguna que otra aberración urbanística como el centro comercial A Laxe, se toma el popularmente conocido como ‘Barco de Canghas’.

Tres kilómetros de distancia para cruzar la Ría de Vigo y se pasa de la urbe a la villa en lo que supone un cambio más profundo de lo que aparenta. Del “buenos días”, al “boas tardes”, del café con hielo por encima del euro cincuenta a precios notablemente más bajos y de los edificios de diez plantas al lado del mar a una Alameda y un paseo de varios kilómetros con una playa de aguas casi cristalinas, Rodeira. Al fin y al cabo, de lo urbano a la Galicia rural.

El cuerpo pide descubrir la zona antigua de Cangas. Escondida tras la fachada principal con vistas al mar y tejida por calles de piedra y escaleras. Eso sí, los años y los planes gubernamentales pulieron las escarpadas rocas para dejar pisos casi lisos, pero con cierto encanto y, como no, algo de feísmo en los cables colgando de las paredes.

Entonces, te cruzas con la señora Lola con su bastón, con la vecina cuarentona que entra en la minúscula frutería o los jóvenes, que en lugar del centro comercial, se juntan en la plaza del pueblo o en la arena de Rodeira para fumar sus primeros cigarros o disputar la pachanga de fútbol. No muy lejos, dos ancianos contemplan el mar mientras escuchan el graznido de las gaviotas, una pareja de jóvenes madres pasean a sus bebés y los bares de primera línea de playa se preparan para la temporada estival.

El abuelo le habla al chico de la playa, la madre saluda al gerente de la cafetería, o la señora de la bolsa acaricia al perro del vecino. Entonces, te encuentras una tienda de escaparate llamativo y camisetas de Galician Style con dibujos de Davila. Vuelves a tomar el barco, contemplas la fachada litoral canguesa, haces la panorámica, desembarcas y, en lugar de camisetas con el dibujo de una señora con mandilón y el lema “¿queres kiwis?” encuentras la sevillana en la tienda de ‘souvenirs’ para turistas. Viajero o vecino del lugar. Pruebe a cruzar la Ría de Vigo, sentirá el aroma a mar y lo que hay más allá de la primera fachada artificial. Descubrirá las Rías Baixas.